Si dejo que se escapen algunas, las que se quedan dentro se convierten en prásitos que me carcomen. Empiezan por el corazón y los pulmones y parecen interminables porque insisten en no dejarme respirar y en evitar que pueda latir.
Yo soy la que late si mi corazón soy yo.
Siento el corazón como algo externo, hace un movimiento involuntario que me mantiene con vida. Y yo no puedo decidir si ahora quiero que lata con más fuerza o más rápido, es algo que ama y padece independientemente de mi. Riega el resto de mi cuerpo sin tener en cuenta lo que el cuerpo quiere. Tiene vida y sentimientos propios. No hay nada que yo pueda hacer para reconducirlo. Así que es más fácil intentar tenerlo bien domado y encerrado en su prisión de morfina para que no de problemas. A veces decide darte vida o te envenena esparciendo por cada rincón de tu cuerpo dolor. Tiene el poder de darte una vida corta y una muerte lenta, una vida larga y una muerte rápida.
No soy yo la que siente si mi corazón no es mío.
05/08/2010
miércoles, 8 de septiembre de 2010
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